Joseph Rotman en ‘Fundamentos de la topología algebraica". Berlin Springer-Verlag. 1988
‘Como todos los actos del universo, la dedicatoria de un libro es un acto mágico. También cabría definirla como el modo más gracioso y sensible de pronunciar un nombre’ Jorge Luis Borges
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martes, 6 de mayo de 2014
A mi mujer Margarnit
Joseph Rotman en ‘Fundamentos de la topología algebraica". Berlin Springer-Verlag. 1988
viernes, 25 de noviembre de 2011
DEDICATORIA
Os acercáis de nuevo, figuras vacilantes,
las que otrora pronto a la turbia mirada se mostraron.
¿Pretendo acaso reteneros esta vez?
¿Siento mi corazón todavía a aquella hora inclinado?
¡Os agolpáis! Pues bien, reinad entonces,
así como vais subiendo por mí entre vapores y nieblas;
mi pecho se siente juvenilmente estremecido
ante ese hálito mágico que a vuestro séquito anima.
Con vosotras traéis las imágenes de felices días pasados,
y algunas queridas sombras se levantan;
como una vieja leyenda, ya casi extinguida
reaparecen el primer amor y la amistad primera.
El dolor se renueva; se repite la queja
del alocado y laberíntico curso de la vida,
evocando a los buenos, que por hermosos instantes
de felicidad embaucados, desaparecieron, yéndose lejos de mí.
No escucharán los cánticos que siguen
aquellas almas a quienes canté los primeros.
Disperso está el amistoso corro,
acallado, ¡ay!, el primitivo eco.
Mi canción resuena en la desconocida masa,
su aplauso mismo el corazón me oprime,
y quien se alegrara con mi canción antaño,
si vive aún hoy, por el mundo anda errando.
Me invade una nostalgia largamente olvidada
de aquel apacible y grave reino del espíritu;
y flota entonces con imprecisas notas
mi canción susurrante, como arpa eolia;
un escalofrío me sacude la lágrima va en pos de las lágrimas,
el severo corazón se siente dulce y blando...,
veo lejano aquello que poseo,
y lo perdido se me hace realidad.
¿Pretendo acaso reteneros esta vez?
¿Siento mi corazón todavía a aquella hora inclinado?
¡Os agolpáis! Pues bien, reinad entonces,
así como vais subiendo por mí entre vapores y nieblas;
mi pecho se siente juvenilmente estremecido
ante ese hálito mágico que a vuestro séquito anima.
Con vosotras traéis las imágenes de felices días pasados,
y algunas queridas sombras se levantan;
como una vieja leyenda, ya casi extinguida
reaparecen el primer amor y la amistad primera.
El dolor se renueva; se repite la queja
del alocado y laberíntico curso de la vida,
evocando a los buenos, que por hermosos instantes
de felicidad embaucados, desaparecieron, yéndose lejos de mí.
No escucharán los cánticos que siguen
aquellas almas a quienes canté los primeros.
Disperso está el amistoso corro,
acallado, ¡ay!, el primitivo eco.
Mi canción resuena en la desconocida masa,
su aplauso mismo el corazón me oprime,
y quien se alegrara con mi canción antaño,
si vive aún hoy, por el mundo anda errando.
Me invade una nostalgia largamente olvidada
de aquel apacible y grave reino del espíritu;
y flota entonces con imprecisas notas
mi canción susurrante, como arpa eolia;
un escalofrío me sacude la lágrima va en pos de las lágrimas,
el severo corazón se siente dulce y blando...,
veo lejano aquello que poseo,
y lo perdido se me hace realidad.
Johann Wolfgang Goethe en "FAUSTO". 1808
Fuente: Fausto. Johann Wolfgang Goethe. Editorial Bruguera. Libro clásico~ Serie mayor. Traducción de Pedro Gálvez. España, 1984
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